El compromiso cinematográfico de Víctor Erice

Estudiar la filmografía de Víctor Erice es adentrarse en un misterio insondable del cine español. Una docena de trabajos, la mayoría y piezas que forman parte de trabajos conjuntos, jalonan una carrera con medio siglo de vida que, pese a su carácter exiguo, forma parte por derecho propio de la mejor historia del séptimo arte de nuestro país.

Tras largometrajes, uno de ellos un documental que busca el realismo absoluto a través del trabajo del pintor Antonio López, le han bastado a Erice para poder ser considerado como una de las voces más lúcidas de nuestro cine. Antes de ese cruce entre pintura y celuloide que es El sol del membrillo, el realizador vizcaíno ya había dirigido dos títulos clave. El espíritu de la colmena (1973) es una aproximación a los mitos fantásticos y de terror en una España rural que malvive en plena posguerra. La mirada de la infancia a un mundo que comienza a descubrir y que apenas entiende se mezclaba con el Frankenstein que un cine ambulante llevaba al pueblo donde tenía lugar la acción.

Una década más tarde, en 1983, Víctor Erice rodaba El sur, basada en la novela del mismo título de Adelaida García Morales. Una historia acerca de la fascinación que su protagonista, una jovencísima Icíar Bollaín, siente por la figura de su padre y del que descubrirá un secreto de su vida que nunca habría sospechado. Casi otros diez años tardó en estrenar su siguiente trabajo, El sol del membrillo, que hasta el momento sigue siendo su última película de larga duración. Proyectos como la adaptación de la novela de Juan Marsé El embrujo de Shanghai terminaron en un cajón sin que tuvieran la oportunidad de ver finalmente la luz.

En las últimas dos décadas, el espíritu de Erice se ha podido disfrutar con cuentagotas. La fama de cineasta minucioso, perfeccionista, creador contracorriente y ajeno a cualquier tipo de modas está a la vista en el puñado de cortometrajes o colaboraciones que ha rodado durante los últimos años. Quizás haya sido Alumbramiento (Lifeline), corto que forma parte del trabajo colectivo Ten Minutes Older: The Trumpet, su trabajo de mayor relevancia en este tiempo. O, al menos, el que despertó un mayor interés por parte de críticos y espectadores. Junto con pesos pesados del cine mundial, como Jim Jarmusch, Aki Kaurimäki, Spike Lee, Wim Wenders o Wener Herzog, Erice participaba en un proyecto en el que el tiempo tiene un papel protagonista. En apenas diez minutos de riguroso blanco y negro, y con enorme una carga simbólica y metafórica, esbozaba una historia en la que un nacimiento servía como contrapunto a la vida de todos los personajes que transitan por ella.

Para descubrir la personalísima concepción que, sobre el cine, posee Erice, os dejamos otros dos de sus últimos trabajos. En La morte rouge, mediometraje realizado con una sucesión de imágenes fijas, rompe barreras entre ficción y realidad para acercar al espectador su visión del Sherlock Holmes que Basil Rathbone protagonizó en La garra escarlata. Ana Three Minutes, mientras, es un segmento de la cinta 3.11 Sense of Home, un total de 20 cortometrajes que recuerdan el seísmo y el tsunami que arrasó parte de Japón hace algo más de un año. La actriz Ana Torrent protagoniza esos tres minutos con los que el realizador se sumó a esa iniciativa.

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