El surrealismo costumbrista de Javier Fesser

Cuando se habla, o se escribe, sobre , no se sabe bien en cuál de sus facetas es preferible incidir antes. Porque, si bien en el mundo de la publicidad y en el cortometraje es donde comenzó a dar a conocer su mundo particular, un mundo en el que el surrealismo se topaba con el costumbrismo de raíz más hispana, en el largometraje ha alcanzado éxitos como Camino, que arrasó en la gala de los Goya en 2009.

Pero, hasta llegar a ese momento, podemos encontrar suficientes ejemplos para considerar a Fesser un realizador que, lejos de acomodarse en una forma particular de entender y rodar cine, ha dado muestras de una versatilidad que, posiblemente a muchos, sorprendió en su momento. En 1995 escribe y dirige su primer cortometraje. En Aquel ritmillo, protagonizada por un Luis Ciges que después tendría gran importancia en su carrera, se encuentra ya su tono absolutamente reconocible. La forma de tratar el humor y el cuidado técnico y estético que entronca con su pasado publicitario le valieron el Goya al mejor cortometraje en aquella edición. Poco después rodaba El secdleto de la tlompeta, un desternillante borrador, si no en cuanto a historia sí en lo que se refiere a tono y recursos, de lo que sería su primer largometraje, El milagro de P.Tinto.

Convertida casi en película de culto, y con Luis Ciges en el único papel protagonistas del que disfrutó en su carrera, la película está plagada de situaciones absurdas nacidas en las que pequeños extraterrestres se encuentran con hijos adoptivos que arrastran pesadas bombonas de butano. Con La gran aventura de Mortadelo y Filemón consiguió cuadrar el círculo al incorporar a su propio universo otro tan incorporado a la cultura popular de varias generaciones de aficionados al cómic como es el del dibujante Ibáñez.

De momento, su último contacto con el largometraje se encuentra en Camino. Ahí narraba la historia, basada en un caso real, de una niña que aborda la muerte en medio de un ambiente en el que la religión ocupa un papel central y opresivo. Un Fesser mucho más serio y contenido en cuanto a fondo, pero que mantenía en lo formal un despliegue poco habitual en el cine español, logró acaparar premios en el año de su estreno.

Pero, para tratar de mostrar mucho mejor quién es Javier Fesser como cineasta, os dejamos otros trabajos que hablan mucho mejor de él que cualquier cosa que podamos escribir. Aquí, la serie de minipiezas que, bajo el nombre de Javi y Lucy, realizó en 2001 para su emisión en Internet. Y, en un tono absolutamente diferente, Binta y la gran idea, que formaba parte del proyecto El mundo a cada rato, de UNICEF, y por el que fue nominado a los Óscar.

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