Hollywood: alfombras, glamour y cortos

La edición 84 de los Óscar de Hollywood no han de pasar a la historia precisamente por las sorpresas que deparó la gala. Pocos dudaban de que, finalmente, The Artist se hiciera con los principales galardones. La cinta muda y en blanco y negro que Michel Hazanavicius (mejor director) se ha sacado de la mango en pleno siglo XXI es la primera producción no anglosajona en hacerse con el Óscar al mejor largometraje. Francesa de producción, aunque con rostros de sobra conocidos para el público y con la enorme y muy eficaz maquinaria de promoción del estudio de los hermanos Weinstein detrás, el largometraje se dio un paseo triunfal en la capital mundial del cine con también para su actor protagonista (Jean Dujardin) o para su banda sonora.

Que Meryl Streep (eterna candidata, recordwoman en esto de las nominaciones) consiguiera su tercera estatuilla después de tres décadas de sequía también entraba en las quinielas de casi todos. Su composición de la primer ministro británica Margaret Thatcher en La dama de hierro, con la que ya había ganado casi todos los galardones en liza estos galardones, es de los que resisten casi cualquier película. En cuanto a los secundarios, pronósticos cumplidos con un ya octogenario Christopher Plummer, que en Beginners interpretaba a un anciano que reconocía su homosexualidad en la última etapa de su vida, y con Octavia Spencer, intérprete de Criadas y señoras.

De sorpresa, y tampoco tanta podría hablarse en el caso del mejor guion original (el adaptado recayó en Alexander Payne por Los descendientes), que fue a parar en Woody Allen por su Midnight in Paris y que, evidentemente, no recogió en persona.

Los , claro, no encuentran tanta repercusión a la hora de elaborar este tipo de resúmenes, aunque la calidad de algunos de ellos debería ser causa más que justificada para lo contrario. En esta edición, The Shore, dirigido por Terry George, fue considerado mejor corto de ficción. Los académicos recompensaron esta historia de enemistad (y reencuentro) entre dos pescadores irlandeses.

Un modélico cuento con una historia de amor a los libros y a la lectura se hizo, por su parte, con el Óscar al mejor corto de animación. Los directores William Joyce y Brandon Oldenburg han metido en la coctelera de The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore mucho de El mago de Oz, algo del cine de Buster Keaton y, según reconocen ellos mismos, una reflexión acerca de la catástrofe del huracán Katrina. Todo para conocer la historia del señor Lessmore del título, que termina viviendo en un sorprendente mundo de libros voladores.

Mucho más cruel, más duro y difícil de digerir es el argumento del mejor corto documental, Saving Face, de Daniel Junge. En él, sus protagonistas son mujeres paquistaníes desfiguradas por el ácido como consecuencia de irracionales “actos de honor” y que tratan de reconstruir sus rostros con la ayuda de la cirugía. Una historia sobre el sinsentido y la violencia más atroz que tuvo también como recompensa la dorada estatuilla.

 

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