Julio Medem, sin miedo a nada

El Festival de Cannes, en plena efervescencia aún, cuenta en su edición de 2012 con una pequeña representación de realizadores españoles que, desde espacios paralelos a la sección oficial, acercan a los espectadores una parte del cine que nace en nuestro país. Si Jaime Rosales aparece en la Quincena de Realizadores con Sueño y Silencio y Antonio Méndez hace lo propio en la Semana de la Crítica con Aquí y Allá, el realizador participa en el proyecto conjunto 7 días en la Habana. Medem dirige uno de los capítulos en los que está dividida la cinta, que forma parte de la sección Una cierta mirada del festival de la Costa Azul. En la película, otros seis directores aportan sus miradas acerca de una ciudad con infinidad de matices: Benicio del Toro, Gaspar Noé, Laurent Cantet, Elia Suleimán, Juan Carlos Tabío y Pablo Trapero acompañan a Medem en los créditos del largometraje.

La película supone la vuelta al primer plano del cineasta vasco dos años después de Habitación en Roma, un remake de alto contenido sexual de En la cama, de Matías Bize. En la carrera de Medem este escenario no resulta extraño. Ya con Lucía y el sexo (2001) provocó más de un comentario por la falta de complejos a la hora de acercarse a él. Pero, a medida de que el realizador ha ido estrenando películas, ha dejado claro que no encuentra tabús a la hora de narrar una historia. No lo encontró tampoco con su título más polémico hasta el momento, el documental La pelota vasca. La piel contra la piedra (2003). Su intención de recoger las opiniones de todas las partes implicadas de una u otra forma en la trágica realidad de Euskadi no fue bien recibida por la totalidad de esas voces. Fue una nueva vuelta de tuerca en el cine de un realizador que, sobre todo en sus primeras cuatro películas, mantuvo una línea homogénea en cuanto al tono que imprimía a sus historias. Vacas, La ardilla roja, Tierra y Los amantes del círculo polar contienen una atmósfera proclive a personajes celestiales, encuentros milagrosos o amores capicúas capaces de romper cualquier barrera.

Vacas (1992) fue el debut en el largometraje de un realizador que ya había demostrado, con cortos como Patas en la cabeza o Las seis en punta, todo el potencial que podía ofrecer. En 1988 rodó Martín, un mediometraje producido por Elías Querejeta y con música de Alberto Iglesias que formaba parte del proyecto Siete huellas siete, donde participaron otros jóvenes directores como Juan Manuel Chumilla o Gracia Querejeta. En este trabajo, su joven protagonista, Martín, trata de soportar el caluroso verano mientras observa a una actriz que pasa unos días en el piso de una vecina. Algunos detalles le convencen de que la nueva inquilina tiene poderes sobrenaturales. Disfrutadlo.

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