Paco Plaza, adicto al terror

Si hace unos días hablábamos del trabajo de Jaume Balagueró, del que con pocas dudas se puede hablar como uno de los nombres esenciales del cine de terror con denominación española, hoy toca hacerlo de otro director con el que comparte más de un punto en común. Paco Plaza es, de hecho, casi una extensión de Balagueró (o lo es Balagueró de Plaza). Los dos han formado equipo en varias producciones (algunas inclasificables, como OT. La película) que, en el caso de la saga de , les ha reportado una gran notoriedad. Si las dos primeras entregas estaban dirigidas por ambos, la tercera, en la que se narra el origen de una terrorífica infección, está firmada en solitario por Plaza. Pero, al margen de autorías o de quién cuenta con un mayor peso en esta serie de películas, hay que reconocer el papel de este realizador en la revitalización de un género que en España, a excepción de francotiradores como Paul Naschy, nunca ha contado con un especial tirón.

[REC] casi ha monopolizado la carrera del cineasta valenciano en los últimos años. Pero hay que recordar unos inicios que se remontan a la década de los noventa, con como Tropismos o Tarzán en el Café Lisboa, los dos previos a una pequeña pieza de puro horror (al menos de horror sugerido) que lleva por título Abuelitos. Un título que esconde una profunda carga de humor negro para describir una historia narrada a retazos pero que alcanza unos niveles de incomodidad elevadísimos para el espectador. La especie de residencia en la que viven los ancianos protagonistas y el terrible trasfondo que se intuye tras esas paredes conducen al público a un terreno próximo a la pesadilla. Y todo con una factura en la que, desde la fotografía hasta su banda sonora, funcionan para aumentar esa sensación difícil de explicar que finalmente consigue.

Tras Puzzles, otro ensayo en el cortometraje, Plaza debutó por fin en el largo con El segundo nombre. En él, una joven investiga las causas del suicidio de su  padre para, poco a poco, descubrir una maraña de secretos a su alrededor que harán poner en duda todo lo que conoce hasta ese momento. La religión, el fanatismo y la muerte, entremezclado todo con el horror, se dan cita en un largometraje en el que el director apunta con claridad cuáles son sus intereses y sus metas.

Tras el paréntesis que supuso su acercamiento al género documental con la película sobre el fenómeno de Operación Triunfo, Plaza ahondó en el género de terror con Romasanta, la caza de la bestia. Basada en la historia real de Manuel Blanco Romasanta, el “hombre lobo de Allariz”, cuenta el pánico que, en la Galicia de 1850, provocan una serie de asesinatos atribuidos a una criatura sobrenatural. Plaza logró con esta película, protagonizada por Julian Sands y Elsa Pataky, el premio al mejor director en el Festival de Cine de Málaga.

Pese a que los cortometrajes forman parte, básicamente, del período de aprendizaje del realizador, en 2010 regresó al formato con una brevísima pieza, casi un divertimento en el que se ríe abiertamente de los clichés del género de terror. Leticia Dolera es una sufriente novia amenazada por un psicópata. La muerte acecha a la protagonista. Pero todo puede cambiar en cuestión de segundos…

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  • Marc.O: He visto el cortometraje y no he sido capaz de llegar a ninguna conclusión. Da la sensación de que se ha...
  • LUCAS: ENHORABUENA VICTOR, LA HISTORIA MUSICAL ES INCREIBLE.