Los humildes comienzos de un ‘rey Midas’

Resumir en un párrafo la carrera de es una misión perdida desde el comienzo. Dos óscars como director (La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan), varios globos de oro, premios de la academia británica y homenajes como el del del American Film Institute jalonan su trayectoria. Pero, sobre todo, lo hace el casi infalible olfato para conectar con el gusto de los espectadores que lo ha acompañado desde sus inicios como cineasta. Muchos de los más aplastantes éxitos de los últimos 40 años llevan su nombre. Desde Tiburón, el título que abrió la senda del ‘taquillazo’ veraniego, hasta Parque jurásico, la saga de Indiana Jones o E.T. Y eso solo como director. Como productor es también responsable de multitud de trabajos que han pasado a la historia del cine.

Pero, como cualquier otro cineasta, Spielberg también empezó con una pequeña cámara, con presupuestos inexistentes y con su familia y sus amigos como equipo técnico y artístico de sus producciones. En 1961 ya probó en un género bélico que le depararía mucha más tarde grandes alegrías con un trabajo del que hoy todavía podemos ver algún fragmento y que tituló Escape to Nowhere. El desierto de Sonora, cercano a la casa de su familia de Phoenix, se transformó en África en una historia que se remontaba a la Segunda Guerra Mundial. En su reparto aún no aparecían Tom Hanks o Matt Damon, sino un grupo de chavales que interpretaban a soldados y que tenían que ir pasándose unos a otros los contados cascos con los que contaban a medida que salían y entraban del plano.

Poco después, con apenas 16 años, Spielberg ya rodó su primer largometraje, Firelight, una aproximación a otro de sus temas predilectos, la ciencia ficción, y una historia que adelantaba de alguna manera lo que una década más tarde se convertiría en uno de sus primeros éxitos, Encuentros en la tercera fase. Como en el caso del corto del que hablábamos antes, en la actualidad apenas podemos ver algún fragmento de esta Firelight.

Para terminar con esta aproximación a los orígenes fílmicos del padre de E.T. nos detenemos en lo que podría considerarse como su primer corto profesional, el último trabajo que dirigió antes de que la televisión le fichase para dirigir episodios de series como Colombo. Amblin, rodado en 1968, narra la historia de dos personajes que tienen un encuentro en el desierto. Que este cortometraje cuenta con una indudable importancia para Spielberg se encuentra en el hecho de que bautizó a su productora precisamente con el nombre de Amblin. Después llegarían El diablo sobre ruedas, Loca evasión y, ya en 1975, Tiburón, con la que dio un estruendoso golpe en la mesa de la industria y con la que empezó a ganarse el apodo de ‘rey Midas de Hollywood’. El resto, claro, es de sobra conocido.

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